Comenzó a visitar ferias artesanales y prestó mucha atención a cómo allí trabajaban los artesanos qué materiales y técnicas utilizaban y el tipo de piezas que hacían. Fue en la feria de San Isidro, una de las más típicas de Buenos Aires, donde conoció al maestro orfebre Edgar Michelsen y decidió comenzar a estudiar.

Marcelo Toledo ten√≠a tan solo diecisiete a√Īos cuando asisiti√≥ a las clases de orfeber√≠a por primera vez. R√°pidamente se dio cuenta que aquello ser√≠a su mundo y decidi√≥ perfeccionarse. En lo de Michelsen, Toledo no solo aprendi√≥ a soldar y a doblar la chapa de metal, si no que comeprendi√≥ que, para que una pieza luzca perfecta, primero es necesario dibujarla en papel, dise√Īarla.

El primer taller que arm√≥ Marcelo Toledo fue en un diminuto lavadero de un departamento en Buenos Aires que alquil√≥ junto a unos amigos. All√≠ el joven orfebre, quien ya realizaba lindos dise√Īos, que ahora √©l vend√≠a en las ferias artesanales, tambi√©n comenz√≥ a dictar clases. Intentaba divulgar las habilidades que su maestro le hab√≠a trasmitido y su pasi√≥n por el mundo de la orfebrer√≠a. La misma pasi√≥n que hoy, d√©cadas despu√©s, siente cada vez que dise√Īa una pieza.



Marcelo Toledo naci√≥ en la provincia de Buenos Aires, en el pueblo de Escobar, capital nacional de la flor. Primer hijo de seis hermanos de una familia de clase trabajadora, desde su m√°s tierna infancia le gustaba pasar las horas en un local de compra venta de antig√ľedades que era propiedad de su abuelo. All√≠, las piezas y objetos del pasado lo embelesaban, y √©l se perd√≠a en aquel m√°gico universo. Era a√ļn un ni√Īo cuando comenz√≥ a realizar sus primeros dise√Īos de aros y pulseras y enseguida se sinti√≥ atra√≠do por el mundo del dise√Īo.